Una electrolinera no rinde por el equipo que compras, sino por el lugar donde lo pones. El mismo cargador puede pasar el día apagado en un rincón del estacionamiento o trabajar varias horas diarias si queda donde la gente sí se detiene. Antes de elegir marca o potencia, conviene resolver la ubicación.
Primero el dato: la demanda va más rápido que la infraestructura
México cerró 2025 con 56,726 posiciones de carga y un crecimiento anual de 25.9%. En el mismo periodo se vendieron 96,636 vehículos eléctricos e híbridos enchufables, un alza de 38.5% frente a 2024. Dicho de otra forma: los autos crecen más rápido que los puntos donde cargarlos, y esa diferencia es la que hoy deja espacio a quien instala primero.
El detalle fino importa todavía más: 91.6% de esa red es privada —cargadores residenciales, corporativos y de agencias—, así que la carga realmente pública y accesible es una fracción del total. Fuera de las tres grandes zonas metropolitanas la penetración es baja, y ahí la competencia por conductor eléctrico es mucho menor.
Los cinco criterios que deciden la ubicación
1. Tiempo de permanencia del cliente
La regla es simple: el cargador debe empatar con cuánto tiempo se queda la gente. En un restaurante, un gimnasio o una plaza, hablamos de 45 minutos a dos horas, y un cargador de Nivel 2 rinde bien. En una tienda de conveniencia o un punto de paso sobre carretera, nadie espera dos horas: ahí la carga rápida es la única que tiene sentido.
2. Distancia al tablero eléctrico
Es el factor que más mueve el costo de la obra y casi nadie lo considera al principio. Cada metro adicional entre el tablero y el punto de carga significa más canalización, más calibre de cable y más mano de obra. Un cajón diez metros más cerca del tablero puede ahorrarte una parte considerable de la instalación sin quitarle nada a la experiencia del usuario.
3. Capacidad disponible en tu acometida
La pregunta no es cuánta carga contrataste, sino cuánta te sobra en el momento de mayor consumo. Un cargador de Nivel 2 típico agrega una carga continua nada despreciable, y la carga rápida cambia por completo la conversación: puede requerir ampliación de acometida, transformador o media tensión. Esto se resuelve con un levantamiento, no con una suposición.
4. Visibilidad desde la calle y desde el acceso
Un cargador que no se ve no se usa. Los cajones deben quedar identificados, iluminados y a la vista desde el ingreso al estacionamiento. La señalización también protege el activo: reduce que cajones de carga sean ocupados por vehículos de combustión.
5. Espacio para crecer por etapas
Casi ningún negocio arranca con la infraestructura final. Lo inteligente es dejar canalización y capacidad de tablero previstas para los siguientes puntos, aunque hoy instales uno o dos. Crecer después sobre una canalización ya existente cuesta una fracción de volver a abrir obra.
Tres ubicaciones típicas y qué esperar de cada una
- Estacionamiento de plaza o centro comercial: permanencia media, alta visibilidad, buen encaje para Nivel 2 en varios cajones.
- Corporativo u oficinas: permanencia larga y predecible; conviene dimensionar para carga compartida entre varios vehículos durante la jornada.
- Patio de flotilla o centro de distribución: operación continua, ventanas de carga cortas y exigencia de carga rápida con obra eléctrica asociada.
El orden correcto de decisiones
Elegir equipo antes de conocer la instalación eléctrica es la forma más cara de empezar. El orden que funciona es: levantamiento eléctrico, definición del punto, dimensionamiento del circuito, elección del cargador y, al final, obra y puesta en marcha. Así la propuesta corresponde a tu instalación real y no a un catálogo.
En Grupo Tresner instalamos electrolineras para negocio con equipo propio de ingeniería eléctrica: el mismo responsable hace el levantamiento, la obra eléctrica y la puesta en marcha documentada.